Ulises Díaz

Advertencia:
El escritor dispone de quinientas palabras para narrar esta historia. Si lo logra, se esfumará de ella y, yo —el gato—, quedaré atrapado eternamente en estas líneas relatándola una y otra vez, mientras tú o alguien más la lea.
Soy un minino imaginario. Nací en la mente de un científico: un físico teórico de apellido Schrodinger que pretendía entender y explicar la cuántica. Para ello me encerró en una caja, también imaginaria, junto con un gas mortal que me amenaza constantemente. No me dio un nombre, por si te encariñabas conmigo, porque esta historia no se trata de mí, sino de la cuántica.
Afina tus ideas, si entiendes el cuento, entiendes la cuántica.
A simple vista vemos cuerpos. Todas las cosas: los animales, las personas, los gatos reales, y tú, por supuesto, están formadas de partes.
Descomponer el Todo en sus partes es analizarlo. Hacerlo pedacitos cada vez más pequeños para averiguar de qué están hechas las cosas, pulverizarlas e incluso más allá.
¿Alguna vez has desarmado un juguete con el fin de saber de qué está hecho?
Demócrito, un filósofo griego, lo hizo mentalmente y propuso que el mudo está formado de partes muy pequeñas llamadas átomos. Ahora sabemos que hay partes aún más pequeñas llamadas quantums
Un quantum es la «cosa» más pequeñita que pueda existir. No lo puedes ver, solo medir sus efectos, incluso pensar en ella es muy difícil; pero existe, no es una mera fantasía. Si pudiéramos descender por la escalera de las partes hasta su último escalón: este sería el quantum. Desde allí «miraríamos» la nada. ¿Me sigues?
Yo vivo en ese último escalón. Imagíname tan diminuto como un quantum atrapado en esta caja obscura. A mi lado un frasco con gas venenoso, un martillo que amenaza con romperlo y un dispositivo radiactivo a punto de accionar el martillo. Las posibilidades son cincuenta y cincuenta, como lanzar una moneda. Mientras tú lees estas líneas puede activarse el dispositivo o puede que no.
Los científicos llaman a estos juegos mentales: gedanken, lo usan para investigar sin salir de su cerebro, son más baratos y están al alcance de todos; deberías hacer la prueba.
Mientras cuento esta historia, te puede parecer que estoy vivo y que el martillo aún no cae, o que la radioactividad se emitió y el martillo cayó, entonces estoy muerto. Nadie lo puede saber, ni el señor Schrodinger, mientras no habrá la caja.
Supongamos que tú decides abrirla; me encontrarás vivo o muerto, una de dos. Es lo lógico en tu mundo de cosas grandes. Pero en el mundo de los quantums, donde nadie puede observarme, estoy vivo y a la vez estoy muerto, las dos realidades al mismo tiempo. Se llama superposición: dos realidades que coexisten.
Es la versión del gato vivo la que está narrando esta historia. ¿Estaré vivo o muerto?
No sufras, no puedes salvarme. Si abres la caja podrías matarme. ¿Entiendes?
A veces la realidad es más increíble que la ficción.
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