Quiero ser Chequia
y haber pisado el Estadio Azteca
para perder tres a cero frente a la Tri.
Quiero ser Qatar
y celebrar mi primer punto mundialista
contra los puntuales suizos.
Quiero ser Haití
y perder contra todos mis rivales,
en especial contra Brasil,
ese gigante del que también soy hincha.
Quiero ser Turquía
y perderlo casi todo,
pero ganarle al Tío Sam
en el último suspiro.
Quiero ser Curazao
y hacerle mi primer gol
a la máquina germana.
Quiero ser Túnez
y caer por goleada
ante los supercampeones nipones.
Quiero ser Nueva Zelanda
y perder contra todos,
menos contra el europeo.
Quiero ser Arabia Saudita
y empatar con todos,
menos contra el europeo.
Quiero ser Irak
en la tierra hostil de Terminator.
Quiero ser Jordania
en el grupo del campeón reinante
que ya no tiene nada que ganar.
Quiero ser Uzbekistán
en la tierra hostil de Rambo.
Quiero ser Panamá
sorprendiendo a los inventores del fútbol.
Porque no todo es ganar.
Porque a veces perder también es quedarse en la memoria.
Porque hay derrotas que se celebran como iniciaciones
y empates que valen más que una copa.
En un mundo que te obliga a levantar trofeos,
a veces lo más hermoso
es entrar a la cancha sin miedo,
jugar como quien baila,
perder si toca perder,
pero pasarlo bien.
Porque las victorias, a veces,
son el idioma de los aduladores.
Y la verdadera gloria
es haber estado ahí,
aunque el marcador diga lo contrario.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario